No puedo evitar ponerme contento cuando voy por la calle y veo a los vecinos sentados en las veredas, tal vez algunos chicos corriendo por ahí. Tocando un tema ya tratado en una de mis "alertas amarillistas", pienso fervientemente que la gente actúa erróneamente al momento de defender su seguridad. Cuando se siente amenazada, la gran mayoría adopta la actitud de encerrarse, esconderse de cualquier peligro que pueda acechar alrededor.
Así defienden su dignidad, libertad, vida, y todo derecho que proclamen como propio. Pero esta conducta en sí misma nos aleja de la integridad que se intenta proteger. Nos vulnera. El encierro es realmente insalubre, el hecho por el cual estamos dispuestos a padecerlo es que somos cobardes. No podemos dejar en manos de otros el ejercicio de la justicia sobre algo que nos pertenece, y ni siquiera hacer algo para ejercerla por nosotros mismos. No se puede permitir que una empresa ponga alarmas en nuestra casa para "ayudarnos a estar seguros", que refuercen nuestras puertas, contratar un seguro de vida. No podemos dejar que se instale este "mercado del crimen", en el que es lucrativo apelmazarnos, y mantener las desigualdades, las pobrezas, la miseria, y la riqueza extremas.
Por eso digo que me pone contento ver gente sentada en la vereda, caminando en la calle, pero saliendo afuera, porque la vida no está dentro de 4 paredes. Está afuera, y no se puede aceptar el crimen que están cometiendo los que nos sacan la plata de la billetera para aislarnos de esa aventura.
Aventura que es nuestra, y si nosotros no reclamamos lo que nos pertenece, el otro nos lo quitará. Si anhelamos justicia, salgamos a ejercerla, como dijo un tipo que sabe mucho : "cuándo vamos a tocar la puerta al asesino, en vez de hacer la denuncia a la comisaría."
No podemos dejar que nos digan cómo cuidarnos, y menos estar dispuestos a las condiciones que nos imponen. Estamos grandes. Deberíamos cuidarnos solos.
martes, 31 de marzo de 2009
La ciudad está insegura, nosotros somos inseguros
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miércoles, 25 de marzo de 2009
La seriedad
La seriedad es para los tontos. Por las dudas de que se nos desvirtúe el significado de la palabra seriedad vamos a proceder a definir a un hombre serio.
Serio: Dícese del hombre que pese a saber que la vida se vive una vez, está decididamente dispuesto a desaprovecharla para lograr conseguir una buena imagen de sí mismo entre sus semejantes semi-muertos.
Explayémonos un poco más. Es identificable por bancarse vestido de ropa formal, es decir, la más incómoda que exista. A saber; saco, camisa(abrochada hasta el último botón), corbata, zapatos(lustradísmos).
Siempre estará bien visto por las masas, su madre estará orgullosa, si se dedica a la política su apariencia es aún más vital, ya que le permitirá lograr un engaño visual en la gente.
Si una persona es seria tiene su propia lista de actitudes serias a saber:
- No emborracharse, por lo menos en público.
- Oler a perfume, de calidad, nada de chotadas de $5
- A la hora de actuar, no lo hacen de acuerdo a sus pensamientos, sino que lo importante es lo que piensen los demás de su acción. Es decir, debe dar una buena impresión.
- Relacionado a lo anterior. Sus gustos están regidos por los de la mayoría. Ejemplo, entre una manga de descerebrados promedio se la pasará escuchando regueton o música elctronica, pero si se encuentra con un descerebrado de nivel o alto estatus, se convierte en un coleccionista de discos de Bach, Wagner, Mozart, etc.
- Su saludo serio lleva inevitablemente un "es un placer". Si se trata de una mujer puede ser un "encantado".
¿Para que vivir con seriedad entonces? Para mentirnos incluso a nosotros mismos, para decirnos lo buenos que somos, lo bien que nos va. Reír para no llorar. Podríamos decir uh que bodrio es esto, pero preferimos la mentira, uh que bien que me va.
Así no. Eso no es vivir. El mundo tiene no se cuantos miles de millones de años, y tenemos nuestro pequeñísmo instante de 20, 30, 40, u 80 años. Avivate, sos el protagonista durante sólo un instante de esta infinita historia. Andá a dar vuelta al mundo, en vez de dar vuelta a la manzana con tu nuevo 0km. Y siempre te van a incitar a la seriedad, pero los serios son sólo las ovejas del rebaño.
Me despido como debe ser, sin hablar en serio: trogloditas de mierda, salgan de sus cavernas, me tienen podrido giles; ahora me voy a drogar con todos los rivotriles que encuentre y salgo en bolas a la calle porque nos soy ningún forro serio y acabo de declararle la guerra a la absurda seriedad.
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lunes, 23 de marzo de 2009
El inodoro
El inodoro es un invento inútil que necesita además una subcategoría: la de invento genocida. Los malditos humanos tenemos la costumbre de desarrollar con ingenio todas las cosas que optimizasen nuestro confort, pero siempre dejando una pequeña marca que simbolice nuestro dominio y falta de interés por lo que no es propiedad nuestra. El inodoro encaja perfectamente en esta definición, hace placentera cualquier expulsión de materia sólida de nuestro cuerpo, la gente medita sentada y algunos sufren orgasmos al contemplar su obra. Por otra parte dejamos nuestra huella, este orgullo fachista que nos hace regocijarnos al ver cómo nuestra marca de superioridad viaja a través de un conducto que sobrepuebla el hábitat de alguna especie o algún barrio marginado.
El genocida inventor de esta máquina de matar debería tener por lo menos el mismo castigo que los mexicanos que hayan recibido golpizas al tratar de cruzar la frontera con los yanquis. Y aún así seríamos generosos. Y no le quitemos crédito a los cómplices históricos de este invento, no zafa nadie. Es una masacre inconsciente, cada vez que apretamos el botón se nos va otra porción de agua potable, y para asegurarnos que el genocidio sea exitoso solemos poner esos perfumes que se cuelgan para dar buen aroma y mala muerte al próximo que tenga contacto con el agua. Para colmo tenemos que soportar hombres enriqueciéndose con la venta de estos jaboncitos envenenadores.
Aclaremos el tema de nuestra complicidad. Simplemente apretamos el botón y ya está, se acabó el problema, no se ve más, no se huele, no está cerca. Esta ignorancia escatológica es la expresión de nuestro egoísmo en ese sentido.
¿Qué clase de plaga somos? ¿Qué hace que nuestra inteligencia sea convertida en un arma de exterminio? Cualquier animal caga y genera vida, pero nosotros no, cagamos y matamos. Nosotros sí que utilizamos bien el término cagador para mencionar a una persona que te va a traicionar.
Nuestro sorete no es un sorete cualquiera. Es una bomba. Un misil orgánico viajando por un túnel esperando cumplir nuestro objetivo de conquista, lograr nuestro imperio de la muerte. El tereso no-humano está logrado para fabricar vida, porque aunque nosotros le tengamos asco, para otro animal esto es el almuerzo, la cena, el mate con medialunas de la tardecita. Nuestro tereso si-humano también está diseñado para dar vida, pero nosotros pudimos sortear este obstáculo para nuestro plan genocida.
O nos suicidamos, o cagamos como se debe. Dejamos de matar por las buenas o las malas. Somos una plaga, y como lo sabemos, podemos poner punto a nuestros asesinatos. Basta de inodoros.
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